Me acuerdo que hace tiempo, en los años mozos de decrepitud solemne e irresponsable, solía ver el mundial de fútbol con mi padre y mis hermanos. En el 94, fue el año en que en la clausura de dicho mundial, escuche por primera vez a tres hombres que ya en sus muy indistinguibles físicos imponían cierta maravilla que hacia que los escucharas, sin saber de donde venían, que hacían y de donde salían esos hermosos sonidos de sus gargantas; Lo que si sabíamos es que en medio de la algarabía, entonaban desde mariachi, zamba, zarzuela, y una que otra canción napolitana.
En realidad nunca supe que eran cantantes de opera, si, eran los famosos tres tenores. Al margen de saber las verdaderas intenciones de aquellos espectáculos que tildaban en lo mediático, revuelto con intereses puramente económicos, es hacernos una pregunta que quizás hoy los teatros de opera del mundo saben con exactitud la respuesta: ¿en realidad aquella gente que vio esos conciertos se acercaron a la opera?
Para mí, la respuesta es no. La sociedad se ha convertido en una especie de no ir mas alla de lo que ven. En la ciencia por ejemplo, el físico Carl Sagan, afirma que hoy en día la gente ridículamente cree más en la astrología, que en la verdadera ciencia. Dice :”la gente no se reúne en los estadios para ver un experimento, ni sintonizan la tele, a ver la nuevas partículas que se descubren”. No, todo lo fácil, lo accesible, el rapidin, lo asequible. Invariablemente se reúnen en el mundo de la moda, una sociedad del consumo predecible. Quizás bajo ese estándar, lo mas probable es que si haya unas crisis de pensamiento y de espíritu en todo oriente y occidente, ni mas, el grotesco modo de advertir la afirmación de la teoría de las masas.
Claro, no todo es pesimismo, aun bajo esas sospechas de ciego al arte, existe ese pequeño cielo llamado esperanza, en donde podemos adivinar una luz en este túnel. Gente que aun cree, y que ante las perspectivas poco alentadoras, se atreven a decir que todos somos Shakeaspeare. El teatro esta en boga de renovación en Gran Bretaña, los dramaturgos luchan con sus antepasados para innovar un teatro digno de el ultimo dramaturgo Isabelino.
Saltar de la cima no es un suicidio, quizás es arriesgado, pero hoy en día se puede arriesgar, tal vez es lo único que queda. No podemos admitir espectáculos mediáticos como el recién anunciado en Chichen-itza, donde Placido Domingo dará un recital (sic), repleto de cantantes de subgéneros en donde solo veremos una mezcolanza de incompetencia por no llegar a absolutamente nada.
Así pues, creo que con espectáculos como esos son innecesarios para la difusión de la opera y la música, por el contrario la lastiman y la ofenden, pensando que eso es opera y creando una confusión de por si ya generalizada.
Pero en fin, eso es lo que creo yo y ustedes que opinan.
JULIO